SpaceX ha publicado finalmente el prospecto S-1 para la salida a bolsa prevista en junio: 277 páginas densamente impresas, más otras 100 páginas de anexos. Un prospecto de oferta pública inicial cumple una función fundamentalmente ambivalente. Por un lado, está diseñado para minimizar la responsabilidad legal mediante una divulgación exhaustiva de los riesgos y advertencias sobre todo aquello que puede salir mal. Por otro, es una herramienta de marketing destinada a convencer a los inversionistas de que, pese a esos riesgos, la empresa representa una oportunidad atractiva.
Dicho de entrada: el prospecto es muy sólido al describir la posición única de SpaceX en el mercado. Lo mismo ocurre en lo relativo a los riesgos. Lo que se echa en falta, sin embargo, es un mayor nivel de detalle sobre el potencial de largo plazo, un aspecto en el que el documento resulta demasiado vago.
La posición de SpaceX en el mercado y sus logros hasta la fecha, especialmente en la reducción de los costos de lanzamiento, son extraordinarios. El prospecto cita cifras de la NASA según las cuales el Falcon 9 redujo el costo promedio de lanzamiento de 18.500 dólares por kilogramo en un 85 %, hasta 2.700 dólares. La primera versión del Falcon Heavy redujo esos costos en un 92 %, y se espera que Starship los reduzca hasta en un 99 % frente al promedio histórico.
SpaceX ha alcanzado hitos de manera reiterada: fue la primera empresa privada en desarrollar y lanzar un cohete de combustible líquido capaz de alcanzar la órbita (2008); la primera empresa privada en acoplar con éxito una nave espacial privada a la Estación Espacial Internacional (2012); y la primera empresa privada en transportar astronautas a la órbita, devolviendo a Estados Unidos la capacidad de enviar y traer astronautas desde la Estación Espacial Internacional (2020).
El prospecto destaca que desde 2023 SpaceX ha puesto en órbita más del 80 % de la masa total lanzada al espacio cada año, con una tasa de éxito superior al 99 % utilizando los cohetes Falcon 9. Cabe una comparación adicional: si SpaceX fuera un país, ocuparía con diferencia el primer lugar mundial en número de lanzamientos durante 2024, 2025 y lo transcurrido de 2026, muy por delante de China. Además, de los aproximadamente 15.000 satélites activos que actualmente orbitan la Tierra, 9.700 pertenecen a Starlink.
En cuanto a las perspectivas de largo plazo, el prospecto afirma: “Creemos que nuestros actuales esfuerzos espaciales catalizarán avances transformadores capaces de reconfigurar industrias terrestres y dar origen a nuevos mercados de billones de dólares en la Luna, Marte y más allá”. Es precisamente aquí donde intervienen muchos críticos, preocupados porque SpaceX pueda dilapidar el dinero generado, por ejemplo, por Starlink en misiones a Marte que exijan ingentes cantidades de recursos y produzcan poco o ningún retorno económico. En este punto, el prospecto permanece impreciso. Por ejemplo, señala: “En particular, creemos que nuestro objetivo de establecer una presencia en la Luna permitirá un crecimiento anual de la capacidad de cómputo para inteligencia artificial a escala de teravatios, respaldará una exploración e industrialización más profundas del espacio y servirá como un paso previo hacia el establecimiento de una civilización en Marte”.
Musk retoma una idea que ha reiterado durante años: que su verdadero objetivo es convertir a la humanidad en una especie interplanetaria porque “depender de un único hogar planetario constituye un único punto de falla y entraña un riesgo existencial… No queremos que los seres humanos corran la misma suerte que los dinosaurios”. La misión de la empresa se describe de la siguiente manera: “Nuestra misión es construir los sistemas y tecnologías necesarios para hacer que la vida sea multiplanetaria, comprender la verdadera naturaleza del universo y extender la luz de la conciencia hasta las estrellas”.
Combinado con la afirmación de que —entre otras razones debido a los 15.000 millones de dólares invertidos en Starship— SpaceX opera actualmente con pérdidas y no tiene intención de repartir dividendos en un futuro previsible, esto lleva a críticos como Jay Ritter, profesor de finanzas de la Universidad de Florida, a concluir lo siguiente: “Incluso si Starlink genera decenas de miles de millones de dólares al año en beneficios [para SpaceX], ese dinero podría desperdiciarse enviando personas a Marte en lugar de entregarse a los accionistas”.
Solo en las secciones posteriores del prospecto aparecen mencionadas áreas de negocio que abarcan el turismo espacial, la manufactura en órbita, el transporte de pasajeros y carga hacia la Luna y Marte, y la producción de energía en ambos cuerpos celestes. La minería de asteroides recibe un tratamiento sorprendentemente escueto: apenas una frase en todo el documento. Aquí el prospecto vuelve a quedarse corto, a pesar de que pudo haber abordado con mucho mayor detalle el potencial económico de la manufactura orbital, la minería de asteroides y el turismo espacial. He dedicado varios capítulos de mi libro New Space Capitalism a estos temas.
A mi juicio, lo que falta son las enormes perspectivas que ofrece el sector inmobiliario. El Tratado sobre el espacio ultraterrestre establece con claridad que los Estados no pueden apropiarse de cuerpos celestes ni de terrenos situados en ellos. No obstante, persiste el debate jurídico sobre si esa prohibición resulta aplicable a las empresas privadas. Algunos especialistas argumentan que la soberanía nacional termina donde comienza el espacio exterior, lo que significa que la apropiación estatal de la Luna, otros planetas o los asteroides está prohibida, mas no la propiedad privada de esos cuerpos celestes. Esta interpretación se apoya en la doctrina jurídica expressio unius, exclusio alterius: la mención expresa de una cosa implica la exclusión de otras.
Desde luego, existen incertidumbres legales, pero también oportunidades. Si SpaceX lograra adquirir derechos de propiedad sobre asteroides o terrenos en la Luna y Marte, podría protagonizar la mayor historia inmobiliaria de todos los tiempos, con la posibilidad incluso de cotizar REITs espaciales en los mercados bursátiles. De hecho, estas representarían las oportunidades de negocio de largo plazo más importantes para una empresa con las ambiciones de SpaceX.
Sin embargo, dado que la naturaleza de los prospectos bursátiles consiste en minimizar la responsabilidad mediante una amplia divulgación de riesgos, más que en destacar oportunidades, estos elementos brillan por su ausencia. Sospecho que los asesores legales de la compañía desaconsejaron cualquier planteamiento que pudiera parecer demasiado cercano a la ciencia ficción. Aun así, al evitar describir estas oportunidades con mayor profundidad, se produce el efecto contrario: debido a que las enormes posibilidades de ingresos en sectores como el turismo espacial o la minería de asteroides apenas se mencionan, y a que las perspectivas inmobiliarias ni siquiera se discuten, los lectores menos familiarizados con el tema podrían concluir erróneamente que SpaceX acabará gastando dinero en visiones idealistas de ciencia ficción.
Eso es absurdo, porque si hay algo seguro es esto: allí donde existan oportunidades para ganar dinero, Musk las aprovechará. Lo que sí permanece —y esto está ampliamente desarrollado en el prospecto— es el riesgo asociado a la extraordinaria importancia de una figura clave: nada menos que Elon Musk.


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