El pasado 4 de octubre, Flávio Bolsonaro se impuso a Lula da Silva en la primera vuelta, con el 47,03 % de los votos frente al 45,16 %. El balotaje de hoy, 25 de octubre, decidirá la presidencia, pero hemos visto cómo un presidente de izquierda, respaldado por programas sociales robustos y una maquinaria electoral probada, terminó por detrás de su rival.
El golpe no se limita al ámbito presidencial. El Partido Liberal (PL) se convirtió en la primera fuerza del Congreso, y la derecha ganó las gobernaciones de São Paulo y Minas Gerais sin requerir segunda vuelta. La reconfiguración política, con la elección de gobernadores, senadores y diputados bolsonaristas, ¡es brutal! Por más que Lula remontara, su gobierno tropezaría con serias dificultades de gobernabilidad.
Y si bien México elegirá presidente hasta 2030, varios de los ingredientes que desgastaron al PT ya se están cocinando aquí.
La pavorosa violencia
El gobierno mexicano presume una caída de más del 50 % en los homicidios desde septiembre de 2024. Sin embargo, México Evalúa estima que, al sumar feminicidios y desapariciones, la caída de la violencia letal se reduce de 33 % a 22 %, mientras que otros delitos contra la vida crecieron 83 %.
Causa en Común detectó indicios de una posible reclasificación de homicidios, feminicidios y secuestros. En Nuevo León, el primer semestre de 2026 dejó 49 % menos homicidios y feminicidios, aunque las desapariciones aumentaron un 56 %. El registro nacional supera las 135 mil personas desaparecidas, y al menos 72 mil cuerpos y restos humanos permanecen sin identificar bajo resguardo de las autoridades.
Por otro lado, está el territorio. Un estudio independiente con corte a septiembre calcula que el crimen organizado ejerce control efectivo en alrededor de 30 % del país, y que solo 23 % tiene predominio claro del Estado. En Brasil, entre 25 % y 30 % de la población vive sometida a las reglas de alguna facción. Como señala el analista Fabián Calle, allá la inseguridad acabó cobrándole factura al PT. Aquí apenas empieza a caer el veinte.
Transferencias sin servicios
La «Bolsa Família» tampoco salvó a Lula. Los programas sociales pueden sostener la aprobación de un gobierno sin asegurar una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos.
En México, los apoyos sociales gozan de una aceptación ciudadana del 68 %. Pese a ello, en 2024, 44,5 millones de personas no tenían acceso a servicios de salud, más del doble que en 2018. En ese mismo intervalo, el gasto de bolsillo en salud de los hogares mexicanos se incrementó un 41,4 %.
El panorama laboral presenta dificultades semejantes. En julio, la informalidad alcanzó el 56,2 %, su nivel más alto desde diciembre de 2021, y de enero a julio el empleo formal registró una pérdida de 776 mil trabajadores, según la ENOE. Además, la tasa de condiciones críticas de ocupación se situó en torno al 38 % en el segundo trimestre. Con una previsión de crecimiento del PIB de un exiguo 1,4 % para este año, contar con una carrera universitaria ya no es garantía de conseguir un puesto bien remunerado.
Así, la gratitud por los apoyos sociales comienza a desvanecerse cuando las adversidades cotidianas impiden salir adelante, incluso con el esfuerzo individual.
La presidente vs. el partido
Sheinbaum mantiene cerca del 70 % de aprobación. En contraste, Lula acudió a las urnas con una buena imagen internacional y una alta desaprobación interna. La popularidad de un mandatario, por sí sola, no determina el futuro político de su partido.
De acuerdo con Buendía & Márquez, la afinidad con MORENA pasó del 45 % en febrero de 2025 al 34 % un año después, y su imagen positiva cayó del 70 % al 54 %. Las recuperaciones ocasionales no revierten la tendencia al desgaste. Aun con el respaldo de siete de cada diez ciudadanos, el gobierno de la presidente obtiene únicamente un 22 % de evaluación favorable en corrupción, un 27 % en seguridad y un 20 % en crimen organizado.
La adhesión que pierde MORENA no se traslada necesariamente a otro partido: se concentra entre los independientes, que ya rondan el 42 %. Es un voto huérfano que alguna opción radicalmente distinta puede recoger, como los bolsonaristas en Brasil.
El centrão mexicano
Brasil tiene un nombre para los partidos que se alinean con quien va ganando: el centrão. México tiene su equivalente, y vive dentro de MORENA.
Buena parte de la maquinaria territorial del oficialismo está integrada por expriistas y expanistas que han arribado mientras MORENA es la opción ganadora. Su lealtad es al poder, no al proyecto. Otro tanto ocurre con el Partido Verde, que ha sido aliado del PAN (2000), del PRI (2003-2018) y de MORENA (2019-presente). ¡Y no solamente eso! Entre los aspirantes a las gubernaturas de 2027, están expanistas para Chihuahua, Campeche o expriistas en el caso de Baja California. Si el viento cambia, esa maquinaria prestada pasará a otras manos con la misma facilidad con que llegó.
En Brasil, varios partidos de ese “centro pragmático” lograron tener cargos en el gobierno de Lula y, en los Estados, compitieron junto a la derecha.
Bala, Boi e Bíblia
En Brasil se habla de la bancada de las tres B: Bala, Boi e Bíblia. Son las fuerzas de seguridad, el agro y los evangélicos, tres bloques que sostuvieron al bolsonarismo. México no los tiene organizados de la misma forma, pero dos de ellos ya se mueven.
El buey
Entre octubre y noviembre de 2025, agricultores y transportistas bloquearon carreteras en más de 20 Estados. Exigían un precio de garantía de 7.200 MXN por tonelada de maíz, rechazaban la nueva Ley de Aguas y pedían sacar los granos de la revisión del T-MEC. Su malestar es que el precio de su maíz lo fija la Bolsa de Chicago, y a eso se suma el cobro de piso en el campo.
La bala
En México, el Ejército no hace campaña, a diferencia de lo sucedido en Brasil, donde Jair Bolsonaro llenó su gobierno de militares. Sin embargo, con MORENA, las Fuerzas Armadas asumieron funciones que eran civiles: la Guardia Nacional, aduanas, aeropuertos, obras públicas y hasta una aerolínea. Eso les da un protagonismo que no tenían desde hace décadas y las pone en medio de crisis que no controlan.
Además, en abril, unos 50 militares acompañaron el operativo en Chihuahua en el que participaron agentes de la CIA; según la presidente, la Defensa no sabía que estaban ahí. Hace poco, la prensa reportó al comandante de la zona militar en la primera piedra de la academia policial de Querétaro, el evento al que, a decir de la mandataria, no se invitó a la Defensa.
Dos episodios en los que la presidente pareciera no haber sido informada por los militares.
La Biblia
Aquí se encuentra la brecha. En Brasil, los evangélicos son 26,9 % de la población; en México, 11,2 %, frente a 77,7 % de católicos. Y su representación política no está en la oposición: el nuevo partido PAZ, heredero del PES, lo encabeza Hugo Eric Flores, diputado de MORENA. En México, algunos grupos evangélicos han sido absorbidos por el oficialismo.
2027: ¿comenzará el fin?
En Brasil, la derecha conquistó el Congreso y los Estados antes de disputar la presidencia. La elección de 2027 dirá si MORENA conserva la mayoría calificada en la Cámara de Diputados o si el mapa empieza a moverse.
Hay una diferencia fundamental. La derecha brasileña se construyó durante años, con un liderazgo reconocible, gobernadores con resultados y presencia en el Congreso. Flávio Bolsonaro se lanzó como candidato hace menos de un año, pero heredó una estructura ya existente. En México, esa estructura todavía no existe.
¡Ahí está la tarea! Las grietas del oficialismo ya están a la vista: violencia maquillada con cifras, servicios cada vez más escasos, un partido que se desgasta y una maquinaria prestada. Lo que falta es una opción política que ofrezca algo mejor, con territorio y coherencia. Brasil anticipa lo que pasa cuando alguien construye la alternativa creíble.

Deja una respuesta