Al llegar a Chicago, lo primero que salta a la vista son sus enormes rascacielos, el antiguo metro que se eleva sobre la ciudad, el imponente río Chicago, la pizza y el art decó. Sin embargo, después de experimentar mucho más que las vistas de Chicago, al final de mi viaje no dejé de preguntarme: ¿cuál es el alma de esta ciudad?

Cada ciudad te hace sentir distinto. Es como si tuviera un alma compuesta por los sueños y deseos de todas las personas que la han habitado durante generaciones y que han decidido legar algo valioso. Esa alma colectiva toca la tuya. Es como si, al transitar e interactuar en la ciudad, formaras parte de algo todavía más grande.

Chicago es una ciudad sobre otra ciudad. Las hermosas estructuras art decó comparten espacio con los icónicos edificios cuadrados llenos de ventanas que, pese a su aparente similitud, esconden una arquitectura hecha para el hito técnico.

El San Antonio River Walk es una maravilla que le da un aura mágica a la ciudad. En las aguas del río Chicago se reflejan los edificios, creando un paisaje de una geometría imposible.

Entre todos los rascacielos, mi favorito es el Tribune Tower. Construido en 1925 con una impresionante factura neogótica, fue por décadas la sede del periódico Chicago Tribune. Hoy alberga residencias privadas, mientras que el diario ocupa un edificio contiguo. Más que un rascacielos, resguarda el alma de otros monumentos. En su fachada se encuentran piedras de algunas de las construcciones más significativas de nuestra especie: la Universidad de Oxford, el Taj Mahal, la Gran Muralla China, las pirámides de Guiza, la basílica de San Pedro, entre muchas otras.

En mi último día caminé por el puente sobre el río Chicago, a unos pasos de mi hotel, The Westin. La luz del sol, en los eternos días de Chicago, donde en verano anochece hacia las 9:00 p. m., fundía el cauce en un lago de oro, y los edificios modernos, cubos de superficie reflejante, daban la ilusión de torres incandescentes bajo el fuego del sol.

Fuera de The Loop, hubo dos lugares que me mostraron más del alma de Chicago: Oak Park y el distrito de Fulton Market.

Oak Park es, para mí, un barrio concebido alrededor de la belleza. Sus calles están llenas de casas amplias y serenas, con líneas limpias y una arquitectura que delata claramente la influencia de Frank Lloyd Wright. Incluso las viviendas que él nunca proyectó conservan su profunda impronta.

Los negocios en Oak Park, más que pertenecer a grandes multinacionales, son pequeñas empresas con dueños apasionados por lo que hacen. Los restaurantes son administrados por personas que creen firmemente en el poder de brindar algo nuevo a la ciudad; tal es el caso de un extraordinario restaurante en el que comí, llamado Alice & Friends. Asimismo, hay tiendas fantásticas; por ejemplo, una papelería con diseños únicos de artistas locales. Ni qué decir de las espectaculares librerías, pensadas para crear comunidad en lugar de solo vender libros; cada librería comunitaria que visité tenía al menos tres clubes de lectura: 1) literatura general, 2) literatura woke y 3) literatura en español.

Las librerías son espacios donde los artistas locales pueden vender stickers con su arte y acogen numerosos eventos en torno a su vibrante comunidad de escritores. Por otra parte, algunos museos son administrados de manera privada por personas de la comunidad de Oak Park que consideran que existe un patrimonio digno de ser preservado, como la Fundación Frank Lloyd Wright, la casa de Ernest Hemingway o el Unity Temple.

Aunque Oak Park tiene la arquitectura más hermosa de Chicago, su alma es una comunidad consagrada a custodiar su memoria colectiva.

Fulton Market es la parte más organizada de Chicago. Su fisonomía difiere de la extravagancia del centro y del elegante minimalismo decó de Wright en Oak Park. En Fulton se aprecia una extraña e interesante combinación entre herencia industrial y lenguaje contemporáneo. O, en otras palabras, Fulton es un barrio forjado en ladrillo rojo, infraestructura metálica y elegantes edificios de concreto de estilo brutalista. El distrito se siente igual que un barrio obrero reinventado hasta adquirir un alma moderna y bohemia.

En Fulton me topé con negocios fascinantes: una tienda de juguetes con mil reconocimientos, bellísimas librerías, thrift stores en cuyos estantes descubrí libros sumamente baratos y una comunidad latina increíble, con la que entablé múltiples amistades a lo largo de mis caminatas por la ciudad (especialmente en las librerías). Allí probé la mejor pizza de Chicago, pero también pagué la cuenta más gorda de toda la estancia.

Después de reflexionar detenidamente sobre mi concepto del alma de una ciudad, este viaje me ayudó a darle forma: el alma proviene de miles de personas que persiguen proyectos distintos y que, sin proponérselo, acaban dando vida a algo todavía más grande que ellas mismas. Una ciudad es la huella que una comunidad imprime en el territorio que habita.

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