El trumpismo y alias “El Mencho”

Ya ni tiene sentido negarlo. Hace algunas semanas señalaba en otros espacios que el gobierno estadounidense tiene una capacidad inaudita para presionar a su contraparte mexicana, y durante los últimos días de febrero tuvimos la confirmación plena de esa aseveración. El enorme operativo para capturar a alias “El Mencho”, que terminó en su “abatimiento”, se produjo en buena medida a instancias de la presión norteamericana.

Tanto así que en su discurso sobre el “Estado de la Unión”, el presidente Donald Trump se atribuyó el mérito de dicho operativo sin hacer reconocimiento alguno a las fuerzas mexicanas caídas en combate. El gobierno de México seguirá con el relato de que se actúa en el marco de una relación bilateral respetuosa y de cooperación; sin embargo, por las caras largas de los responsables mexicanos del despliegue se advierte más bien una necesidad de subordinación.

“Éxito”, repiten los panegiristas del régimen. Pero Trump los exhibió de manera ofensiva en su discurso ante el Congreso estadounidense: todavía se dio el lujo de afirmar que México necesita hacer más y que el Estado se ha quedado corto en sus esfuerzos de combate a la delincuencia. Todo ello, pese a que ese fin de semana cayeron en cumplimiento de su deber más de dos decenas de militares mexicanos; y eso, según la cifra oficial, que se antoja dudosa.

Lo que está claro, entonces, es que la pauta la marca Estados Unidos. Hay quienes sostienen que el operativo coloca a México en una posición de fortaleza para la revisión del T-MEC. No comprendo cómo. Si Estados Unidos sentencia que a México aún le falta hacer más y, además, se atribuye públicamente el “crédito de la operación”, ¿cómo podría eso fortalecer a México de cara a la renegociación, revisión o como quiera llamársele?

Resulta extraño que, a la vista del poder norteamericano para presionar a nuestro país, se hable de una supuesta fortaleza mexicana para negociar.

El espejismo del control estatal

Dicen otros que con esto se destruye el mito del narcoestado fallido. Muy al contrario. Lo que vimos también el domingo 22 de febrero fue el alcance del crimen organizado para paralizar las actividades de centros urbanos tan importantes como Guadalajara o Puerto Vallarta, y hasta de suspender los vuelos en el segundo aeropuerto más grande del país. Esto no puede lograrse sin la gigantesca penetración del Estado por las estructuras ilícitas. Es decir, con la complicidad de autoridades corruptas que fueron ineptas o estuvieron coludidas cuando estallaron los narcobloqueos.

Un artículo de BBC News Mundo calificó a Guadalajara como «la “casa elegida” del narcotráfico en México» y como «la ciudad que el narco convirtió en su hogar». Lo ilustra citando una estimación del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de acuerdo con la cual ocho de cada 10 negocios utilizados para lavar dinero en México se hacen en Jalisco y 106 de 136 empresas ligadas al lavado de dinero están allí.

Tal vez mi percepción es errónea, pero yo no vi el triunfo del Estado mexicano ese fin de semana. Vi en tiempo real su sometimiento integral a las directrices norteamericanas y su incapacidad para controlar su propio territorio, en manos de criminales que aterrorizaron a la población. Vaya éxito.

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